
Cuando escuchas esta palabra "Renacer"
¿Qué es lo primero que viene a tu mente? ¿con qué imagen relacionas esta poderosa palabra?
Poderosa si, porque la vida misma es un eterno renacer que da continuidad a lo nuevo. Existe un ciclo infinito dónde la transformación es constante e inevitable. Mientras escribo estas palabras ya he sufrido cambios desde que me senté frente a la pantalla hasta este preciso momento en que mi ser se desliza sobre el teclado escribiendo el mensaje que hoy traigo para el lector y para mí misma, ya que también soy aprendiz y espectadora mientras lo hago.

Hoy me gustaría abordar este concepto desde la sanación, desde la intención de despojarnos de aquellos lastres innecesarios para nuestro presente. El lector puede decir: ¿Para qué? Si la transformación ocurre igual. Es cierto, sucede igual, pero si conscientemente aprovechamos este flujo constante, tenemos la posibilidad de construir lo nuevo a partir del estado puro del comienzo, de lo nuevo, de lo no contaminado por el pasado. Pero ¿Qué papel juega aquí la sanación?
Para sanar debemos observar, enfrentarnos a aquello que se encuentra solapado en nuestro interior, comprenderlo y soltarlo. Expresado así, ¿parece fácil no? Es asombrosa la capacidad de resistencia que podemos llegar a mostrar y las mil excusas que puede desarrollar nuestra mente para no aceptar ni deshacerse de aquello enquistado en lo más profundo, que hasta, desprevenidos, puede llegar a darnos cierta sensación de seguridad, de lo “conocido” de “identidad”, pero en realidad son una pesada carga que ensombrece nuestra existencia y hasta puede llevarnos a enfermar, Renacer, es el mayor acto de fe, pues, implica lanzarse nuevamente a la vida sin barreras, sin creencias, sin apego a los recuerdos y a aquello que creíamos ser, es volver a ser aquel niño que desde la inocencia más pura observa e interactúa con el mundo que lo rodea, maravillado, con todos los sentidos y el espíritu implicado, ya que no hay prejuicios ni emociones atadas a recuerdos que distorsionan lo que vemos, lo que sentimos, lo que pensamos, lo que anhelamos y con quienes interactuamos. Si decidimos, con amor, romper las barreras, revisar nuestro equipaje y hacer el trabajo necesario para soltarlo, quizás podamos experimentar la vida a través de un ser totalmente nuevo, liviano, pleno, capaz de crearnos un presente y un futuro nunca imaginado. Hagamos espacio para ese flujo maravilloso que nos lleva a morir en lo viejo y a nacer en lo nuevo.
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