
Anatomía de una caída (política): cuando el votante no se va al partido rival, simplemente se apaga
Ernesto M. Pascual Bueno
Análisis16 de febrero de 2026Una noche electoral suele ofrecer un reflejo demasiado simple: si un partido cae, es porque otro ha subido. Como si los votos fueran fichas que cambian de bolsillo sin romperse. Pero en muchas derrotas profundas, el mecanismo decisivo no es el trasvase al adversario, sino algo menos visible y mucho más corrosivo: una parte del electorado propio se apaga.






