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¿Por qué sentimos más frío al caer la noche? Explicación científica detrás de la sensación térmica

Es una sensación muy común: durante el día podemos estar cómodos con una chaqueta ligera, pero cuando cae la tarde empezamos a buscar un jersey, una manta o una bebida caliente. Aunque el termómetro marque una temperatura similar, nuestro cuerpo parece reaccionar de forma distinta al paso de las horas. Esta percepción no es casual ni una simple sugestión.
Hace 10 horasGuillermo SammartinoGuillermo Sammartino

¿Alguna vez has notado que el frío se siente más intenso al final del día? La razón detrás de esta sensación involucra una combinación de factores biológicos y ambientales que afectan nuestro organismo a medida que avanza la jornada. Comprender estos cambios nos ayuda a reconocer cómo funciona nuestro cuerpo y por qué ciertas sensaciones se intensifican al anochecer.

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El ritmo circadiano y la temperatura corporal

Nuestro cuerpo sigue un ritmo circadiano, un ciclo interno que regula procesos cruciales como el sueño, el nivel de energía y la temperatura corporal. A lo largo del día, la temperatura no se mantiene constante; fluctúa siguiendo un patrón predecible. Durante la tarde, la temperatura corporal suele alcanzar su máximo, pero comienza a descender progresivamente al acercarse la noche. Esta disminución es una señal biológica que prepara al cuerpo para el descanso, aumentando nuestra sensibilidad al frío externo, incluso si el entorno no ha cambiado drásticamente.

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Cansancio y menor producción de calor

Al final del día, no solo sentimos más relajación, sino también un mayor cansancio. El desgaste físico y mental provoca una reducción en la producción de energía, afectando la generación de calor. Consecuentemente, esta disminución impacta directamente en nuestra percepción de la temperatura.

Además, durante la tarde y la noche, tendemos a ser más sedentarios. La actividad muscular es fundamental para generar calor; al reducirla, el cuerpo pierde uno de sus principales mecanismos para mantenerse caliente. Esta combinación de fatiga y reducida actividad intensifica la sensación de frío.

Descenso de la temperatura ambiental

A medida que el sol se pone, el entorno también cambia. Durante el día, la radiación solar calienta el aire y el suelo, pero al ocultarse el sol, la temperatura comienza a descender. A pesar de que la diferencia pueda parecer mínima, el cuerpo es muy sensible a estos cambios. En muchas localidades, la humedad aumenta al caer la tarde, intensificando la sensación térmica. En espacios interiores, ocurre algo similar: la ventilación disminuye y los sistemas de climatización se ajustan, haciendo que el ambiente se sienta más frío en momentos en que nuestro cuerpo es más vulnerable a estas sensaciones.

La ropa y la adaptación al frío

Nuestra elección de vestimenta también afecta cómo percibimos el frío al final del día. A menudo, durante el día optamos por ropa adecuada para las horas más cálidas, olvidando que al caer la noche, la temperatura puede disminuir rápidamente. Cuando el cuerpo ya no genera tanto calor, esa ropa puede resultar insuficiente. Este desfase entre la temperatura real y la protección que llevamos puesta hace que la sensación de frío se agudice.

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Circulación sanguínea y frío en las extremidades

Otro aspecto importante es la circulación sanguínea. Durante la noche, el cuerpo prioriza el flujo de sangre hacia los órganos vitales, reduciendo el flujo hacia las extremidades. Como resultado, manos y pies se enfrían con mayor facilidad, lo que provoca que la sensación de frío se extienda al resto del cuerpo. Cuando las extremidades están frías, el cerebro interpreta que el cuerpo entero lo está. Esta respuesta es parte de un mecanismo natural de conservación de energía y explica por qué la sensación de frío se intensifica al final del día, incluso en ambientes cerrados.

Una respuesta normal

Sentir más frío al final del día no es una exageración ni una cuestión de sensibilidad personal. Es una respuesta normal del organismo a los cambios internos y externos que se producen. Nuestro cuerpo se prepara para el descanso, reduce su actividad y responde de forma diferente a la temperatura del entorno.

Por ello, al llegar la tarde, realizar gestos sencillos como abrigarse o crear un ambiente cálido resulta reconfortante. No solo mejoran nuestro bienestar, sino que también ayudan al cuerpo a adaptarse a este cambio natural que ocurre diariamente, casi sin que nos percatemos.

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