
El postre de Balcarce, heredado y exacto en la cocina de Beto
Guillermo SammartinoCuando Nati Cerezuela dice que su familia hace el postre de Balcarce desde los años 50, no es una manera de hablar: su abuelo lo empezó en la confitería París y la fórmula sigue en la pastelería Jokey, ahora en manos de la tercera generación.

La conversación no se queda en la nostalgia. Nati desarma el postre paso a paso —lo que lo hace auténtico y lo que puede fallar si se intenta industrializar— y da detalles concretos que un aficionado o un pastelero casero puede poner en práctica mañana.
Por qué no es una torta ni un chajá
Nati insiste en una distinción clara: “no es una torta, es un postre”. Su estructura es pionono (una plancha fina), placas de merengue seco y abundante crema con dulce de leche y nueces. El merengue y la crema le dan la textura; el pionono la base flexible.
El nombre y la identidad se vinculan a Balcarce desde los años 1950–1955, y aunque la ciudad luego tuvo fábricas de alfajores y variantes comerciales, la versión artesanal que hacen en Jockey mantiene la receta original: castañas en almíbar en la receta clásica, no frutos rojos, y merengue francés seco como placa.
“Es la combinación perfecta entre la suavidad, la crocantez del merengue, las nueces, el casamiento perfecto entre el coco y el dulce de leche.” — Nati Cerezuela
La técnica que cambia todo: merengue y pionono
Merengue: usan merengue francés seco (claras y azúcar, en proporción 1:2). Nati explica el proceso y los tiempos con números:
Batir claras y azúcar unos 10 minutos hasta consistencia firme.
Hornear las placas a baja temperatura (máx. 110–120 °C) durante 1½–2 horas, hasta que estén completamente secas.
Detalles prácticos: si la placa queda cremosa por dentro se transforma en pavlova; la placa para guardar debe quedar «sequita» por dentro. Para quien produce a escala, lo normal es hacer grandes planchas y dejar que se sequen mientras el horno se enfría.
Pionono: la receta casera que dejó Nati es concreta: 3 huevos, 100 g de azúcar y 1 cucharada de miel; mezclar hasta «punto letra», incorporar 50 g de harina en forma envolvente y hornear 12 minutos. La miel aporta humedad y elasticidad al pionono, lo que en su receta evita tener que embeberlo en almíbar salvo gusto personal.
Por qué lo guardan en el freezer (y cómo conservarlo sin que se congele)
Nati y el resto del equipo explican un truco que suena raro y funciona: mantienen el postre en un freezer a una temperatura de transición —lo suficientemente frío para que la crema no humedezca el merengue pero no lo suficientemente frío para congelar la mezcla. Resultado: el postre se corta fácilmente y mantiene la estructura.
Razones técnicas:
La crema natural humedece el merengue si se guarda a 4 °C, y en pocos días el postre pierde estructura.
En un freezer controlado la grasa de la crema impide que la mezcla se congele por completo, preservando textura y corte.
Si se prepara para consumo inmediato, se puede mantener en heladera; si la idea es distribuir o vender, la conservación en freezer extiende la vida útil sin sacrificar la experiencia de comerlo.
Mano, variaciones y el valor de lo artesanal
Nati destaca qué cambia cuando se escala la producción: la maquinaria entra en el batido, pero el armado y el terminado quedan a mano. Esa “mano” es la diferencia entre una tanda y otra —un poco más de crema, un poco menos de dulce de leche— y es también lo que hace que cada pastelería tenga su sello.
La receta permite variaciones —bizcochuelo en lugar de pionono, otros rellenos, presentación en porciones o vasos—, pero Nati advierte: añadir duraznos o frutos rojos convierte al postre en otra cosa; el auténtico postre de Balcarce lleva castañas en almíbar y mucha presencia de dulce de leche y coco.
Unos consejos para no desperdiciar claras
La charla incluye trucos de oficio que sirven en cualquier cocina:
Guardar claras en heladera o freezer según el uso previsto (evitar freezer si las usarás para merengue italiano sin adaptar).
Hacer placas de merengue en producción y almacenarlas en lugar seco; bien secas pueden durar meses.
Aprovechar sobrantes: merengue para merenguitos, claras para macarons (siempre pensando en las diferencias de técnica y precio).
Cierra la conversación el recuerdo de Dorita Martínez, la docente que enseñó la técnica a generaciones, y la insistencia de Nati en compartir conocimiento: “la mano de cada uno cambia, pero el secreto es transmitirlo”.
Si te interesa practicar: sigue la proporción de pionono (3 huevos / 100 g azúcar / 1 cuch. miel), seca las placas de merengue a baja temperatura por al menos 1½ horas y arma con abundante dulce de leche y nueces. Guarda en freezer de transición para mantener corte y textura.
Si quieres escuchar la charla completa —la historia familiar, los recuerdos de la confitería París y más trucos puntuales— puedes reproducir la entrevista con Nati Ceresuela en el programa. Es la clase y la anécdota juntas, en 52 minutos de conversación que huelen a manteca y a horno.



El canto de los pájaros revela un inesperado vínculo con el lenguaje humano


*La venta sos vos: por qué el trato vale más que el producto*



La cocina de Beto Mundial entre vinos, fútbol y curiosidades

Exploración del vínculo emocional y el papel de la ambición






SKA DE BARRIO Y LA BANDA DE MARIO SE PRESENTARÁN EN EL CICLO “ROCK A BUEN PUERTO”

*La venta sos vos: por qué el trato vale más que el producto*

Como ocurre en cada eclipse, resucita la vieja profecía del fin del mundo




