
Llegada a la Luna de Artemis II, pero, ¿por qué no aterrizan?
Guillermo SammartinoLa misión Artemis II, lanzada el 1 de abril de 2026 desde Kennedy Space Center, dura unos diez días y devuelve a seres humanos más allá de la órbita baja terrestre por primera vez desde el Apollo 17 en 1972, pero esta vez lo hace sin posar un pie en el regolito lunar. Hoy 7 de abril a las 13:00 hora española estarán en el punto más cercano a la Luna. ¿Por qué no alunizar, si ya están allí?
Para entenderlo conviene recordar cómo se conquistó la Luna la primera vez. Apolo no fue una excursión romántica, fue una carrera contrareloj impulsada por la competición con la Unión Soviética de la Guerra Fría y alimentada por presupuestos gigantescos para la época. La NASA pasó de su primer vuelo tripulado al alunizaje del Apollo 11 en apenas ocho años, con un objetivo simple y políticamente urgente: llegar antes de que terminara la década de 1960.
La llegada a la Luna de Artemis va con calma
Con la misión Artemis, ya no se trata de plantar una bandera y volver, sino de construir una presencia sostenida, con infraestructura y misiones rutinarias. Eso implica más piezas, más interfaces y más puntos donde algo puede fallar, desde una estación en órbita lunar (Gateway) hasta trajes avanzados y nuevos sistemas de alunizaje.
Por eso Artemis II no es “la misión que se queda a medias”, sino el ensayo general con los actores dentro de la nave. Su objetivo es validar en condiciones reales el cohete Space Launch System (SLS) y la cápsula Orion, con personas respirando, bebiendo, produciendo CO₂ y obligando a que, si algo va mal, haya que solucionarlo inmediatamente e informar de ello. La tripulación practica maniobras manuales y operaciones de proximidad, claves para el día en que haya que acoplarse a un módulo de alunizaje o a una infraestructura orbital.
El plan también está lleno de medidas de seguridad redundantes. Antes de comprometerse con la trayectoria hacia la Luna, Orion permanece en una órbita alta que funciona como zona segura, para comprobar sistemas y, si hiciera falta, abortar. Y cuando por fin apunta al satélite, sigue una trayectoria de retorno libre, una especie de tirachinas gravitatorio que la lleva alrededor de la Luna y de vuelta a la Tierra incluso si algo importante se rompe en el peor momento.
Luego llega el tramo que más respeto impone a los astronautas: la reentrada. Es el equivalente espacial a frenar un coche de Fórmula 1 lanzándolo contra una pared de aire a velocidades absurdas, y confiar en que el escudo térmico aguante. En Artemis I, la misión no tripulada de 2022, el escudo de Orion mostró un comportamiento inesperado durante el regreso, con daños y pérdida anómala de material. La NASA decidió ajustar el perfil de reentrada en Artemis II en lugar de reemplazar el escudo, lo que convierte esta misión con tripulación en una verificación crítica antes de pensar en aterrizar de vuelta en casa.
A veces se escucha que se ha perdido la tecnología del alunizaje, como si alguien hubiera extraviado el manual en un cajón de la NASA. Lo que ocurrió es más prosaico: se retiraron sistemas como el Saturn V, se desmontaron cadenas de producción y cambió el objetivo. Artemis no intenta repetir la misión Apollo, intenta construir otra cosa con estándares actuales y con la obsesión de que el viaje se pueda repetir muchas veces, no solo una.
No alunizar con Artemis II no es un paso atrás, es una cuestión de prioridades: primero demostrar que puedes ir y volver con seguridad, después pensar en quedarte. En la exploración espacial, la audacia empieza cuando casi nada puede fallar.


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