Esto es lo que dibujaron las personas que estuvieron al borde de la muerte
Un túnel oscuro con una luz al fondo. Es la imagen que casi todo el mundo asocia con las experiencias cercanas a la muerte, esos episodios que relatan algunas personas tras una parada cardiaca, un accidente grave o una anestesia complicada. Los testimonios hablan también de salir del propio cuerpo, de una paz intensa o de encuentros con seres queridos fallecidos. Ahora, un estudio publicado en Frontiers in Psychology se ha fijado en algo mucho más concreto, la geometría de esos espacios, y ha encontrado un patrón inesperado entre su forma y su color.
Estas experiencias son más frecuentes de lo que parece. en 2001, el cardiólogo neerlandés Pim van Lommel encontró que el 18 % de los pacientes reanimados tras una parada cardiaca relataba algún tipo de experiencia de este tipo. La ciencia lleva décadas intentando explicarlas. Algunas hipótesis apuntan a la falta de oxígeno en el cerebro y la retina, otras a la liberación masiva de neurotransmisores en una situación extrema. Lo difícil es estudiar algo que solo existe en el recuerdo de quien lo vivió.
Dibujar el recuerdo con pictogramas
Se reclutaron a 50 personas que habían vivido una experiencia cercana a la muerte. En sesiones guiadas por internet, cada participante dividió su vivencia en etapas y reconstruyó el espacio de cada una con ayuda de un catálogo de pictogramas geométricos basado en investigaciones previas.

Además de la forma, los voluntarios indicaban dónde se percibían a sí mismos dentro de ese espacio, cómo se movían por él y qué colores recordaban. Los investigadores reunieron todas las reconstrucciones en una base de datos y las compararon entre sí.
Túneles sin color, arcos de colores
Los espacios se agruparon en cuatro grandes categorías. La primera reunía los espacios cónicos, con el célebre túnel a la cabeza. La segunda, espacios amplios y curvos, como arcos o bóvedas. La tercera, superficies más planas con curvas suaves. La cuarta, espacios que envolvían por completo al observador, como una esfera o un óvalo.
Al cruzar esas formas con los colores apareció el patrón. De los 28 espacios cónicos descritos, 22 eran acromáticos, es decir, negros, blancos, grises o con una luz sin color. En cambio, 27 de los 31 espacios amplios y curvos se recordaban en color. Las otras dos categorías mezclaban experiencias con y sin color.
Los autores proponen varias explicaciones, aunque dejan claro que su estudio describe y compara, sin identificar mecanismos. La primera tiene que ver con la visión en túnel. Cuando llega menos oxígeno a la retina o al cerebro, la visión periférica es la primera en apagarse, y el campo visual se estrecha hasta parecer el interior de un cono. Lo mismo les ocurre a algunos pilotos de caza sometidos a fuerzas extremas.La falta de color también encaja con la fisiología del ojo. La retina tiene dos tipos de células sensibles a la luz. Los conos, que nos permiten ver los colores, necesitan bastante luz para funcionar. Los bastones, en cambio, trabajan con poca luz y solo distinguen tonos de gris. Por eso de noche el mundo pierde color. Una situación de poca luz o de mal funcionamiento de los conos podría teñir de gris el túnel. Los espacios envolventes, por su parte, recuerdan al efecto Ganzfeld, un fenómeno en el que mirar un campo visual uniforme y sin rasgos durante un rato acaba provocando alucinaciones.
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