
Milagros Eucarísticos: La Hostia que se convirtió en un corazón vivo
Guillermo Sammartino
Los milagros eucarísticos son signos visibles de que Cristo está, de verdad, en cuerpo y sangre en las especies del pan y el vino. La Iglesia enseña que no son necesarios para la fe, pero Dios los utiliza para acercarse a los no creyentes, a los alejados o a aquellos que en un momento dado dudan de su presencia viva en la Eucaristía. Estos son solo tres de los milagros recogidos en la exposición del beato Carlo Acutis.

Lanciano: Italia, año 750. El más antiguo
Durante la historia de la Iglesia, son muchas las ocasiones en que sacerdotes o feligreses se han percatado de que una hostia consagrada sangraba o tenía aspecto de tejido humano, que es el signo de los milagros eucarísticos. Y el primero de ellos documentado data del año 750, en Lanciano, Italia.
El monje que estaba celebrando la misa tenía dudas sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y mientras decía las palabras de la consagración, vio que la hostia se convertía en carne y el vino en sangre, que rápidamente coaguló en cinco glóbulos, uno por cada llaga de Cristo. Todo se mostró a los presentes en el momento, y fue conservado sin corrupción en el monasterio de san Longinos, hoy llamado de san Francisco.
Investigaciones del siglo XX confirmaron que en Lanciano, el vino consagrado se había convertido en sangre humana del tipo AB (como la Sábana Santa y el Sudario de Oviedo) y tenía las proteínas como las de la sangre fresca
En 1970 se iniciaron unas investigaciones para confirmar que este hecho era cierto, y en ellas, el doctor Eduardo Linoli, científico encargado del proceso, presentó el informe donde se confirmaba la autenticidad del milagro ocurrido 12 siglos atrás. Según confirmó Linoli, la carne era tejido muscular del miocardio (músculo del corazón), la sangre era tipo AB, como en la Sábana Santa y en el Sudario de Oviedo, y tenía las proteínas como las de la sangre fresca.

Legnica: Polonia, 2013. El más reciente.
El milagro más reciente sucedió en 2013 en Legnica, Polonia. El 25 de diciembre de ese año, durante la celebración de la misa de Navidad, una hostia consagrada cayó al suelo durante la comunión. Rápidamente, como marcan los preceptos de la Iglesia en estos casos, se metió en un recipiente lleno de agua y se guardó en el Tabernáculo, esperando que se disolviese.
El milagro más reciente sucedió en 2013: en Polonia, una hostia consagrada se convirtió en tejido de un corazón humano en tensión, como ocurre en los procesos de agonía
Tras varios días abrieron el recipiente y, lejos de haber desaparecido, la hostia presentaba una mancha rojiza de textura fibrosa. Cuando se mandó analizar a dos laboratorios diferentes, los resultados fueron claros: el tejido pertenecía al de un corazón humano en tensión, como ocurre en un proceso de agonía o de sufrimiento físico agudo.
Buenos Aires: Argentina, 1996. El más llamativo
Aunque, sin duda, uno de los más llamativos (y que tiene como coprotagonista al Papa Francisco) es el sucedido en la parroquia de Santa María en Buenos Aires, Argentina, donde han ocurrido varios milagros eucarísticos documentados.
El primero ocurrió en 1992, cuando al recoger el altar tras la misa, un sacerdote comprobó que había quedado un trozo de hostia consagrada en el corporal. La colocó en agua y la dejó en el sagrario. A los 8 días descubrieron se había convertido en sangre.
En esta misma parroquia, en 1996, durante una misa, una hostia cayó al suelo y el sacerdote la sumergió en agua y la guardó. Días después, los sacerdotes de la parroquia observaron con sorpresa que la hostia, de nuevo, se había transformado en un tejido sangrante. El entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, encargó al doctor Ricardo Castañón, especializado en neuropsicofisiología, que lo analizara. El doctor Robert Lawrence, médico forense, se sumó a la investigación y ambos analizaron la muestra durante años.
En 2004 acudieron al doctor Frederik Zugibe, de la Universidad de Columbia, considerado el mayor especialista en patologías cardiacas y medicina forense, con la particularidad de que no le explicaron de dónde provenía la muestra. Y este confirmó que aquel tejido pertenecía al ventrículo izquierdo de un paciente que había padecido un auténtico calvario.
En 2004, uno de los mayores expertos en patologías cardíacas del mundo examinó el milagro eucarístico de Buenos Aires, sin saber de dónde provenía el tejido. Al analizarlo exigió saber su origen, porque «cuando me trajeron esta muestra… ¡era de corazón humano y estaba vivo!»
“Me explicó que ‘mi paciente’ debía de haber sufrido mucho: había tenido trombos, le costaba respirar y debía de haber recibido un fuerte golpe en el pecho”, en palabras de Castañón. Pero lo que Zugibe no lograba explicarse era que el paciente estaba vivo cuando se extrajo la muestra, pues presentaba glóbulos blancos, que mueren a los pocos minutos tras brotar la sangre fuera del cuerpo humano. “Cuando el doctor nos preguntó de dónde provenía la muestra y le dijimos que de una Hostia consagrada exclamó: ‘¡No me lo creo! Cuando usted me trajo esta muestra… ¡ese corazón estaba vivo!’”.



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