
La Oxitocina: Clave en la Amistad Duradera de los Topillos de la Pradera
Guillermo Sammartino
La oxitocina es una hormona y neuromodulador cerebral liberado en diversas situaciones, como el parto, la lactancia, las relaciones sexuales y las interacciones sociales. Aunque se le conoce como la “hormona de los abrazos” por su efecto en generar apego y confianza, estudios recientes sugieren que su función va más allá del romance.
Un nuevo estudio de la Universidad de California en Berkeley, dirigido por Annaliese Beery, demuestra que la oxitocina es fundamental en las fases iniciales de la amistad entre topillos. Los animales con receptores de oxitocina intactos forman vínculos en solo 24 horas, exhibiendo comportamientos como acurrucarse y acicalarse. En contraste, los topillos genéticamente modificados para carecer de estos receptores tardan hasta una semana en desarrollar preferencias por sus compañeros y no muestran vínculos cercanos en ambientes sociales amplios.
Los topillos de pradera son conocidos por su naturaleza sociable, formando parejas monógamas y estableciendo relaciones semejantes a las amistades humanas. Comprender las hormonas involucradas en estos vínculos podría ofrecer insights sobre las interacciones sociales y los trastornos que limitan las relaciones interpersonales en los seres humanos.
El estudio, en Current Biology, incluyó tres tipos de experimentos. En el primero, se midió el tiempo necesario para que los animales establecieran una preferencia por un compañero; los normales mostraron afinidad clara en un día, mientras que los modificados tardaron varios días. En el segundo, en un “escenario de fiesta” con varios topillos, los animales normales permanecieron cerca de sus amigos, mientras que los carentes de receptor socializaron indiscriminadamente. En el tercer experimento, se evaluó la motivación de los topillos para interactuar con amigos o extraños, revelando que las hembras normales se esforzaron más por ver a su amigo, mientras que las carentes de receptor solo hicieron el esfuerzo por su pareja.
Los investigadores concluyeron que la oxitocina no es indispensable para la amistad a largo plazo, pero sí esencial para la formación rápida de preferencias claras. Su ausencia genera amistades menos estables y menor selectividad social, aunque reduce la agresividad hacia extraños, mostrando así un papel dual: fomentar el acercamiento a conocidos y establecer distancia con desconocidos.
Además, el equipo utilizó un nanosensor de oxitocina, desarrollado en el laboratorio de Markita Landry, que brilla al unirse a la hormona, para comprobar que los topillos sin receptores no mostraban un aumento compensatorio de oxitocina, sino una menor liberación en el núcleo accumbens, una región cerebral clave para el placer social.
Estos hallazgos amplían la comprensión sobre la oxitocina: lejos de limitarse al amor romántico, esta molécula participa en decisiones sociales fundamentales, como con quién elegimos pasar el tiempo. Como muestran los topillos, la amistad puede ser una de las funciones sociales más antiguas y profundas en la evolución de las relaciones.


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