
Los árboles del Amazonas están engordando, y es una advertencia
Guillermo Sammartino
Los bosques tropicales son grandes sumideros de carbono, es decir, absorben más dióxido de carbono del que emiten y lo guardan en su madera y sus suelos. El dióxido de carbono, o CO2, es un gas de efecto invernadero que aumenta en la atmósfera por la quema de combustibles fósiles y la deforestación, y está detrás del calentamiento global y la crisis climática.
Cuando hay más CO2 en el aire, algunos árboles crecen más rápido, un fenómeno que la literatura llama fertilización por CO2. El tamaño medio de los árboles en la Amazonia ha aumentado un 3,2% por década. Así lo sugiere un nuevo estudio publicado en Nature Plants. Un equipo global de científicos de bosques tropicales siguió durante décadas la talla de los árboles en 188 parcelas permanentes y detectó que esta tendencia continúa al menos desde hace 30 años.
La profesora Beatriz Marimon, de la Universidade do Mato Grosso, coautora del estudio y responsable de gran parte de la recogida de datos en el sur de la Amazonia, valoró el hallazgo con optimismo. “Esta es una buena noticia. A menudo oímos que el cambio climático y la fragmentación amenazan los bosques amazónicos. Pero mientras tanto, los árboles en los bosques intactos han crecido más; incluso los árboles más grandes han seguido prosperando a pesar de estas amenazas”.
El análisis detectó aumentos de tamaño tanto en árboles grandes como en pequeños. El patrón encaja con el beneficio que aporta la mayor concentración de CO2 atmosférico, que actúa como fertilizante del crecimiento. No se trata solo de unos cuantos gigantes aislados, sino de un cambio estructural en toda la comunidad.
Necesitamos los árboles más viejos
Pero el que los árboles se hagan más grandes es una advertencia sobre su inmensa importancia y la necesidad de detener la destrucción de los bosques. La doctora Adriane Esquivel-Muelbert, de la Universidad de Cambridge y coautora principal del artículo de RAINFOR, subrayó su relevancia política. “De cara a la COP30 en Brasil a finales de este año, estos resultados enfatizan lo importantes que son las selvas tropicales en nuestros esfuerzos por mitigar el cambio climático de origen humano”.
Esquivel-Muelbert destacó el papel clave de los ejemplares de mayor porte. “Los árboles grandes son enormemente beneficiosos para absorber CO2 de la atmósfera y este estudio lo confirma. A pesar de la preocupación de que el cambio climático pueda afectar negativamente a los árboles de la Amazonia y socavar el efecto de sumidero de carbono, el efecto del CO2 estimulando el crecimiento sigue presente. Esto demuestra la notable resiliencia de estos bosques, al menos por ahora”.
La doctora Rebecca Banbury Morgan, de la Universidad de Bristol y también coautora principal, llamó la atención sobre el coste de perder bosque maduro. “Nuestro artículo también destaca lo destructiva que es la deforestación amazónica. Los árboles tropicales grandes tienen cientos de años. No podemos simplemente plantar nuevos árboles y esperar que ofrezcan nada parecido a los beneficios de carbono o biodiversidad que brinda el bosque natural antiguo”.
Investigaciones previas de la red RAINFOR ya habían mostrado que los bosques amazónicos intactos capturan grandes cantidades de carbono que, de otro modo, permanecería en la atmósfera. Ese contexto hacía pensar que el stock total de carbono había aumentado. Lo novedoso ahora es que se detalla el cómo.
El profesor Tim Baker, de la Universidad de Leeds y coautor senior, lo resumió con claridad. “Sabíamos que la cantidad total de carbono almacenado en los árboles de los bosques amazónicos intactos ha aumentado. Lo que muestra este nuevo estudio es que todos los tamaños de árbol han crecido más durante el mismo periodo, todo el bosque ha cambiado”.
Este trabajo es el primero de su tipo en medir de manera sistemática cómo el aumento del CO2 ha modificado la estructura de tamaños en los bosques amazónicos. El equipo observó que, a medida que los árboles más grandes se hacen aún mayores, dominan cada vez más la competencia por los recursos. Ese dominio no es trivial, porque la luz, el agua y los nutrientes son finitos y los gigantes marcan el ritmo del ecosistema.
Los autores señalan que el hallazgo trae implicaciones adicionales. El profesor Oliver Phillips, de la Universidad de Leeds, planteó el desafío que se abre. “Lo que ocurra con los árboles grandes, incluido cómo afrontan las crecientes amenazas climáticas y consiguen dispersar sus semillas, es ahora una cuestión crucial. La única manera de que los gigantes sigan sanos es que el ecosistema amazónico permanezca conectado. La deforestación es un enorme multiplicador de amenazas y los matará si lo permitimos”.
El mensaje final es doble. Por un lado, la fertilización por CO2 está impulsando el crecimiento y, con ello, la capacidad de almacenar carbono. Por otro, ese beneficio depende de mantener bosques continuos y maduros. Si el paisaje se fragmenta, los árboles más altos pierden aliados, las sequías y el calor golpean más fuerte y la ventaja se desvanece. Conservar el bosque intacto no es solo proteger especies, es cuidar una máquina de absorber carbono que, hoy por hoy, aún funciona.


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