
Transición energética verde: ¿más rentable, más compleja y más sucia de lo que parece?
Guillermo Sammartino
La minería de los fondos marinos podría ser la clave de la independencia de Occidente en la transición energética mundial
Necesitamos níquel, cobalto y cobre para avanzar en la transición energética verde, pero buena parte de las reservas de estos codiciados metales los controla China en las minas terrestres de Indonesia y el Congo. La alternativa parece estar en los fondos marinos y en la minería submarina que pretende explotarlos.
“La batalla por el fondo marino” revela cómo Occidente se decanta por esta opción, al mismo tiempo que científicos y ecologistas critican la minería submarina y sus procesos y advierten de los daños irreversibles que estas prácticas van a ocasionar en los frágiles ecosistemas marinos.
El siglo de los metales
En la actualidad, estamos inmersos en un cambio de modelo de producción, distribución y consumo de energía. Poco a poco se van abandonando los combustibles fósiles para avanzar hacia fuentes de energía más sostenibles y limpias. Es la tendencia y se cree que vamos por el buen camino, pero la transición energética verde precisa de metales como el níquel, el cobre y el cobalto, absolutamente necesarios para nuestros coches eléctricos, para calentar nuestros hogares con paneles solares o para hacer la colada con la energía eólica.

Paisaje montañosos cubierto de plazas solares
© Roel van ’t Hoff
Occidente no posee estos metales porque China controla el 70% del níquel y del cobalto procedente de las minas terrestres de Indonesia y Congo. La carrera geopolítica por asegurarse una producción y un suministro seguro de estos codiciados metales no ha hecho más que empezar y ha llevado a Occidente a buscar alternativas. “No debemos pasar por alto los enormes recursos de minerales críticos que hay en las profundidades del océano”, advierte Walter Sognnes, director ejecutivo de la empresa de minería marina Loke Marine Minerals.
La compañía está en contacto con Noruega, uno de los países más ricos del mundo, gracias al petróleo y al gas de su mar y que, en plena transición energética, se está volcando en los minerales del fondo marino que se encuentran en aguas noruegas: los sulfuros y la corteza de manganeso.
La geóloga Hilde Braut explica que “las cortezas de manganeso crecen un centímetro cada millón de años. Es decir, en 40 millones de años, se forma una corteza de manganeso de 40 centímetros”. Las cortezas son ricas en minerales de tierras raras, escandio, vanadio, titanio y un alto contenido de cobalto.
Hilde Braut, geóloga
© Roel van ’t Hoff
Para la industria minera marina estas estructuras son muy valiosas y por eso han puesto en marcha toda una tecnología de vanguardia con la que explotar los fondos marinos. “Estamos desarrollando robots que rasparán la corteza y luego succionarán el material” explica Sognnes. Además de Canadá y Países Bajos, Noruega se apresura también a explotar los lechos marinos.
Tecnología para extraer minerales del fondo marino
© Roel van ’t Hoff
Clarion Clipperton, El Dorado de los metales
Al margen de los hallazgos de Noruega, los expertos han descubierto que las zonas con mayores depósitos de minerales en los fondos marinos se encuentran en aguas internacionales de todos los océanos del mundo. Pero la joya de la corona es, sin duda, una zona del tamaño de la Unión Europea situada en el Pacífico y que se denomina Clarion Clipperton.
En sus fondos marinos, a una profundidad de entre 4 y 6 km, se encuentran los llamados nódulos de manganeso que contienen las reservas de cobalto, níquel y manganeso más grandes del mundo. “Se explotarán esas 20.000 toneladas de nódulos; la pregunta es ¿se regulará su extracción como se debe?”, se cuestiona Gerard Barron, director ejecutivo de la minera submarina The Metals Company.
A la espera de que la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, la ISA, facilite las licencias de explotación, Barron y su compañía confían en que “en 2026, tengamos una licencia para pasar a la producción comercial”.
¿Energías verdes a costa de nuestros mares?
En el otro lado, científicos y ecologistas ponen el grito en el cielo porque ven que las políticas occidentales, incluso de los países más “ecologistas”, apuntan a la minería submarina como opción más adecuada para conseguir cobre, níquel y cobalto.
“Las consecuencias afectarían al fondo marino y a la columna de agua”, advierte la activista de Greenpeace en Noruega, Haldis Tjeldflaat Helle. Y se desgañita insistiendo en que “los científicos apuntan que algunas operaciones mineras podrían tener consecuencias ambientales extremadamente duraderas y que corremos el riesgo de destruir la naturaleza para toda la humanidad”.
“Ninguna minería será sostenible, no es un recurso renovable”, advierte la bióloga marina Sabine Gollner. Y añade que para que el fondo marino llegue a recuperarse de los daños provocados por la extracción de nódulos polimetálicos, necesitaremos de millones de años.
No deja de resultar paradójico que, para construir un mundo más sostenible, las energías verdes tengan que poner en peligro al planeta. La alternativa de la minería marina, junto a los intereses económicos y políticos por desarrollarla, evidencia que no es oro todo lo que reluce en la construcción de un futuro más ecológico.


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